Otra vez Kundera. Ocupó todos los sueños de la noche. Trajo la mañana demasiado aprisa, todavía cansada, incómodamente reflexibla. Todo para ratificar que la vida es pura mierda.
Qué detrás de la casualidad que nos inventamos no existe mérito propio y que el olvido es débil, la desesperanza abismo. Todos vamos hacia algún lugar impreciso, desdibujado y triste como un boceto; alma sin cuerpo, sin descanso porque todavía no comienza.
Será la traición a mi misma no encontrarme, no saber quién soy, cuando he vivido la felicidad ni por gracia de que dioses llegó caída del cielo, pasto para mi ceguera.
Mi vida está llena de palabras incómodas, asomadas sin descanso a todas las cuartillas; hojas salidas de mi árbol, extensión cancerígena de mi piel. Yo las saludo como viejas compañeras, cómplices reiteradas de mi falta de éxito y de amor.
Y qué amor daré a los otros con tanto pecho vacío, tanto de pájaro, de mar rompiéndose en la roca?
Ya no voy a ser más yo, seré la que me invento, la que juego a ser por 24 horas todas las mañanas.
junio del 2003.